Una madre auto-observadora, consciente de su continua transformación. Capaz de aceptarse como es, con su luz y su sombra. Quien reconoce que la vida y las emociones tienen sus movimientos, fluye como el agua ante las situaciones. Vive desde la gratitud y suelta las creencias que ya no le sirven. Cuida su cuerpo, entiende con amor que su organismo es cíclico. Busca siempre la manera de seguir aprendiendo y mejorando, disfrutando de la vida. Demuestra coherencia entre lo que siente, lo que piensa y lo que dice.

Una madre consciente no se paraliza ante los obstáculos, busca las maneras de avanzar. No es víctima de nadie y es creadora de la vida que desea. Con esa forma de vivir educa a sus hijos desde el respeto, comprendiendo que cada hijo es un maestro en su propio aprendizaje.

Tú puedes llegar a ser una de esas madres. Aprender a reconocer que estamos hechas para vivir en constante transformación, así que: ¡Si algo no te gusta tienes la oportunidad de elegir otra vez desde lo que SI quieres!

¿Puedo educar a mi hijo de forma distinta, si YO NO CAMBIO?

¡NO! No hay manera de esperar que nuestros hijos cambien sin nosotros CAMBIAR. Es importante tener claro que si yo no estoy bien, mis hijos no están bien. Si yo no reconozco, lo que me hace sentir bien, menos puedo saber lo que hace bien a mi familia. Cuando ponemos orden a nuestra vida todo alrededor se ordena.

¿Cómo empiezo a cambiar?

Lo primero que debemos hacer, es sacar todo lo innecesario de nuestra mente, y luego de una manera consciente planificar aquello que nos favorece, para desde allí manifestar nuestros deseos. Lo cual desde luego, redundará en beneficio de la educación de nuestros hijos. Haz una cita contigo misma, quédate a solas, reflexiona y responde a estas preguntas: ¿Qué necesito en mi vida? ¿Qué me aporta serenidad? ¿Cómo salgo de la autoexigencia? ¿Qué me genera ternura? ¿Cómo salgo de mis pensamientos negativos? ¿Vivo en el victimismo o me hago responsable de mi vida?¿Soy creadora de mi vida o solo me dejo llevar por el día a día y por los acontecimientos?¿Estoy repitiendo patrones generacionales de miedo y ansiedad? ¿Cómo nutro mi cuerpo y mis pensamientos hacia una vida más agradable?Responder a todas estas interrogantes, nada tiene que ver con el egoismo, es como cuando viajamos en avión y nos piden a las madres que nos pongamos primero la máscara de oxígeno para luego poner a nuestros hijos. De igual manera sucede con nuestra transformación, y lo que en consecuencia aportamos a nuestros pequeños. Solo podemos dar aquello que somos.